DESCUBRIENDO LA RELIGIÓN EN CENTCELLES

Descubrir, eso es lo que apasiona a todo arqueólogo y apasionado del turismo que se precie. Así, con este pequeño artículo quiero daros a conocer un poco más la provincia de Tarragona, más en concreto nos vamos hasta Centcelles, un  conjunto villa – mausoleo, que se encuentra entre el pueblo de Constantí y el rio Francolí, conocido lugar de paso, pues en la antigüedad estaba cercano a la vía romana que unía Tarraco con Ilerda.

 A la hora de conocer la villa un poco más a fondo nos damos cuenta de que no es nada fácil entenderla, el problema radica en que no se encuentra en perfecto estado de conservación, además de haber sido marcada por la variedad de usos y reutilizaciones provocando una serie de enigmas y controversias que aun hoy en día se siguen debatiendo. Enigmas que nos ayuda a descubrir la investigadora Nadia Chafei, perteneciente al grupo de investigación sobre la antropología social de la motricidad y conocida experta en el mundo antiguo, la cual nos acerca a Centcelles en su artículo: “Volviendo a discutir sobre Centcelles”(http://www.ugr.es/~arqueologyterritorio/PDF5/Chafei.pdf)

Una vez leída a Nadia, vemos la importancia de analizar los numerosos estudios acerca de los usos del edificio y el significado de las imágenes conservadas, pues estas son muestra de la importancia que tuvo el arranque del cristianismo en la época, así como la vinculación de este con el aspecto mortuorio en el siglo IV. Y aquí estamos en el debate, ¿estamos ante un edificio funerario? Puede que sí, pues vemos una serie de símbolos vistos como un ascenso de la iconografía cristiana, la cual avanza hacia una nueva interpretación de las formas expresivas que estaban en uso, creando así un lenguaje nuevo ascendido al nivel de arte monumental. Y es que sería en esta villa-mausoleo romana del siglo IV d.C., la que podría albergar en su interior unas de  las representaciones cristianas en edificaciones funerarias romanas más antiguas que se conocen.

En cuanto a estas imágenes me gustaría destacar el retrato de una mujer engalanada con numerosas perlas, retrato que me ha recordado a otro, también romano, realizado con dos siglo de anterioridad y que, aunque se realizó con otra técnica, la encáustica, tiene varias similitudes con nuestro retrato del siglo IV. Se trata del conocido retrato hallado en Egipto en los años 50-70 conservado hoy en el British Museum (figura 1). Así pues, vemos como ambas mujeres pertenecerían a la alta sociedad, muestra por sus perlas y tocados, además observamos como la posición del cuerpo es la misma y como destacan sobre otras partes los ojos y la boca. Una semejanza pictórica que nos ayuda a ver la evolución de los retratistas romanos, evolución vista en las finuras y delicadeza de las formas; unos retratos que pese a haber sido hechos en técnicas distintas,  cuentan con una clara base y una cultura  común.

Figura 1:Comparación de la dama de Centcelles con el retrato egipcio de Hawara

Y es que hay que señalar que  no sólo vemos esta representación de la majestuosidad en el retrato de la dama, sino que tal y como apreciamos en varios mosaicos, situados a su vez en esta sala, también decidieron dejar seña de sus cacerías, todo un lujo representado que claramente nos indica la grandilocuencia y majestuosidad de los propietarios de esta villa romana. Aspectos que nos ayudan a demostrar que esta villa pertenecía a personajes importantes del lugar, una serie de características, a las que si añadimos las numerosas imágenes bíblicas de carácter salvífico, son sin duda signo de una clara fe religiosa por parte del dueño.

Destacar en este aspecto los estudios de Achim Arbeiter y la importancia de la iconografía encontrada en Centcelles, pues encontramos una serie de cambios respecto de la época anterior que son muestra de un profundo fervor religioso. Esto nos lo indicaría el friso cinegético de Centcelles en el cual existen algunas diferencias con respecto a la tradición iconográfica venatoria: la posición frontal del Dominus, que mira hacia el espectador unido a la ausencia de armas hace que debamos considerar una clara alusión a la fe profesada por el propietario (ARBEITER y KOROL 1990).

Figura 2: Escena cinegética en Centcelles, por Cervantesvirtual.com

Y es que tenemos que saber mirar estos mosaicos, la posición frontal del pastor o la escena de la captura del ciervo, animal que tiene una clara relación con el bautismo cristiano tal y como se puede leer en los salmos  y que era comúnmente utilizado en los sarcófagos paganos con una clara relación con la muerte nos indican mucho más que un simple objetivo decorativo.  Así, tal y como expresaría otro destacado investigador llamado Grabar, se otorgaría un nuevo valor simbólico a las antiguas imágenes paganas, sería como una reutilización de la simbología.

Otro aspecto claramente religioso, muestra de la fe y signos morales del propietario son los restos artísticos que quedan en el clípeo cenital, ya que aunque solo queden muestra de dos cabezas, se supone que era una composición simétrica formada por más personajes, lo que indica que podrían ser los apóstoles, al igual que, por ejemplo, sucedería en el Santo sepulcro de Jerusalén con la disposición de las 12 columnas.

Una vez visto el claro simbolismo cristiano del lugar y de haberlo vinculado con los usos funerarios que tendría la villa, nos tenemos que centrar en otra problemática, la que resulta del desconocimiento de la identidad del destinatario. En este aspecto destacan los estudios de Helmut Schlunk, un arqueólogo e historiador francés, especializado en la alta Edad Media, que una vez estudiado el conjunto, defendió la atribución del mismo al emperador Constante. Teoría basada en simples semejanzas, desbancada posteriormente por los estudios de Arce, quien apostaba porque se tratara de un mando eclesiástico, y por los de Warland, investigador que se sustenta en la creencia de que los que fueron representados serían el dominus y la domina; teoría que yo apoyo, al igual que la autora de nuestro artículo, pues justificaría la imagen de la dama enjoyada, además de encajar con las escenas cinegéticas que las atribuiría como afición y signo del poder del dominus.

Como conclusión mencionar la importancia que tiene para nuestra cultura, también religiosa, el hecho de viajar y saber mirar y entender los distintos objetos conservados en nuestro país. En este caso Centcelles  nos ayuda a entender el sentir funerario y la forma de vida de esos primeros cristianos.

Por último me gustaría incluir en esta pequeña investigación sobre Centcelles, la mención a un  pequeño artículo de prensa escrito por Javier Arce, el cual critica el estado del conjunto arquitectónico como muestra de una clara degradación del mismo provocada por unos usos indebidos y unas actitudes irrespetuosas hacia el yacimiento. Así pues, tal y como nos explica el profesor Arce, Centcelles sufrió una brutal agresión por parte de los gestores pertinentes, los cuales convirtieron este lugar en un sitio esperpéntico, alterado y cambiado, que desvirtúa la intencionalidad y función del monumento antiguo, en pos de convertirse en un sitio mediático y como mera arma para conseguir dinero.

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EL NACIMIENTO DE MAYRIT

                En este caso, he decidido dedicar unos minutos al conocimiento de mi ciudad a través de los restos arqueológicos y centrándome en  mundo islámico. Así pues, me he puesto a buscar información acerca del asentamiento islámico que hubo en Madrid y así indagar acerca de esos objetos que conservamos y que sin lugar a dudas nos enseñan y hablan de una época que muchas veces suele pasar inadvertida, una época tan importante como es la del nacimiento de una gran ciudad, Madrid. Todo esto me llevó hasta el Museo de los orígenes, un pequeño museo muy poco conocido pero de gran interés sin duda. En él, dedicado a mostrarnos la historia de nuestra ciudad, encontramos varias referencias y objetos del mundo islámico, más en concreto del mundo islámico de los siglos IX-XI. Decir que la primera noticia histórica de lo que hoy es la ciudad de Madrid data de la época del Emirato omeya de al-Ándalus, concretamente de finales del siglo IX, cuando el emir cordobés Muhammad I (852-886) levanta una fortaleza en un promontorio junto al río Manzanares.

                Así, el museo nos explica a partir de numerosos paneles informativos como la entonces medina Mayrit, era un primitivo asentamiento islámico que ocupó un espacio de reducidas dimensiones en torno al actual barrio de Palacio. Dada su posición fronteriza y carácter defensivo, contaba con murallas y torres cuadradas, una muralla[1] de la que aún hoy conservamos algunos vestigios y que es probablemente la construcción en pie más antigua de la ciudad. Se edificó en el siglo IX, durante la dominación musulmana de la Península Ibérica, en un promontorio situado junto al río Manzanares y cuya función no podía ser otra que la de proteger  el supuesto castillo y mezquita  alrededor de los cuales se iría desarrollando el núcleo urbano de Madrid o lo que entonces debió recibir el nombre de Almudena o ciudadela.

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Dibujo de Madrid en 1562 con detalle de la muralla musulmana, por Antoon Van Den Wijngaerde

A lo largo de la sala vemos cómo los increíbles trabajos de excavaciones arqueológicas[2] han permitido recuperar, aparte de importantes vestigios pertenecientes a la muralla primitiva,  restos materiales de sus pobladores. Así, contamos en este Museo de San Isidro  con numerosos utensilios cerámicos empleados en usos domésticos  datados entre los siglos IX al XI en un excelente estado de conservación.

Al observar las piezas cerámicas vemos como algunas de ellas muestran decoración pintada y unas calidades envidiables a las que hoy en día nos ofrece la producción en serie. Destaca un Candil, también hallado junto a la muralla, y una Olla y una Cantimplora encontradas durante las obras para la construcción del aparcamiento bajo la Plaza de Oriente.

En otra vitrina, además de nuevos útiles domésticos como una botella o  un tazón, destacan algunos objetos muy interesantes que revelan una vida cultural, más allá de la actividad militar, como un peón de ajedrez y unos materiales quirúrgicos. Pero sin duda, lo que más llamo mi atención de la visita, fue el increíble manejo que, ya no solo tenían del torno cerámico, sino del trabajo del vidrio que se nos muestra a través de cerámicas vidriadas y de unos perfectos esmaltes que, no solo son signo de un acabado altamente decorativo, si no que sin duda son muestra  del desarrollo cultural y científico que se estaba dando en el Madrid islámico.

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Fuentes y cántaro, por Artedemadrid.filers

                Y es que me resulta sorprendente  la contemplación de estos objetos, unos utensilios que formaron parte de la vida cotidiana de los antiguos madrileños, los mayrities, hace unos once siglos. Y es que es al visitar estos pequeños y a la vez grandes museos cuando te das cuenta de las miles de cosas que compartes con unos antepasados tantas veces olvidados.

[1] Fue declarada Monumento Histórico-Artístico en el año 1954.

[2] Excavaciones realizadas en la Cuesta de la Vega y en la Plaza de Oriente.

“IN VINO VERITAS”: EN EL VINO (ESTÁ) LA VERDAD

Es por todos conocido que los gustos turísticos van cambiando con los tiempos y adecuándose a los mismos; por ello van surgiendo nuevas formas de turismo vacacional entre las que se encuentra el turismo enológico, es decir el turismo relacionado con el mundo del vino o enoturismo.

Y es que cada persona busca profundizar en diversos aspectos y es curioso ver como la arqueología nos ayuda a entender y comprender muchos matices de nuestros gustos y culturas. En este caso quería hablar del palacio cananeo de tel Kabri (Israel), datado en la Edad del Bronce Medio[1]; el cual nos brinda una oportunidad única de sumergirnos en los grandes banquetes de la época, lo que nos ayudará a conocer mejor nuestro pasado gastronómico. Y es que es en este antiguo palacio donde  se ha podido documentar por primera vez una bodega de esta época. Un lugar donde no solo se almacenaban vinos, sino que se preparaban y aderezaban con peculiares sabores, como aceite de cedro, miel o resinas.

Al parecer la bodega producía vino de alta calidad que permitía a esta familia impresionar a sus invitados, tal y como hoy en día nos impresionan numerosos bodegueros. Y es que resulta muy interesante como el mundo del vino tenía ya mucha importancia en nuestro pasado, el cual caracterizaba a las familias importantes y adineradas.
Y es que tal y como afirma Assaf Yasur-Landau del Departamento de Civilizaciones Marítimas de la Universidad de HAaifa, “este tipo de vino solo podría ser hallado en un palacio”, ya que tal y como sigue pasando ahora, los mejores vinos están asociados a grandes y apoderadas bodegas.

 

Vasijas en Tel Krabi, por PaleoramaenRed

Y es que quien nos iba a decir que ya se valoraba el vino hace unos 3850 años??

Sin duda un descubrimiento sorprendente que ayuda a la comprensión de las civilizaciones antiguas y sobre como trataban a sus invitados. Y es que repasando datos ofrecidos por documentos ugaríticos[2], el valor del vino hallado en el almacén podría estimarse en un mínimo de 1.900 shekels de plata, una enorme cantidad si tenemos en cuenta que un trabajador normal de la época habría tenido que trabajar 150 años para ganar esa cantidad[3].

Y es que durante miles de años, los seres humanos hemos estado bebiendo vino, así lo demuestran toda clase de evidencias encontradas cada vez más antiguas sobre la elaboración del vino y su consumo. Tal y como decía Plinio “el Viejo”, en el vino está la verdad, la verdad de una población y no podemos dejar pasar por alto esos detalles que hacen único a un pueblo. Por eso la importante labor de los arqueólogos, los cuales han desenterrado objetos relacionados con el vino en todo el mundo, pero la mayoría provienen del Mediterráneo, lo que debería animarnos a conocer más nuestra propia historia gastronómica. Cabe destacar que el primer rastro químico de una bebida fermentada es del 7000 a.C, de origen chino.

Por todas estas curiosidades, animo a todos los viajeros enamorados del vino y nuestra cultura a hacer una reflexión y a que se sirvan de la arqueología para entender un poquito más este amplio mundo. Sin duda, la arqueología nos ayuda a entender muchas cosas, entre otras, la evolución de los gustos; y es que tal y como dice la página de enoturismo riojana: “el vino no es una bebida, es cultura compartida”.

 

[1] (1950-1550 a.C.),

[2]  Lengua semítica hoy día extinta que se hablaba en Ugarit, (Siria)

[3] http://arqueologia-paleoramaenred.blogspot.com.es/2016/03/gran-bodega-de-vino-de-la-edad-del.html?m=1

ARQUEOLOGÍA DONDE MENOS TE LO ESPERAS: YÉLAMOS DE ARRIBA

Esta vez quiero enfocar mi mirada al punto para mí más querido de toda la península Ibérica, mi querido pueblo alcarreño: Yélamos de Arriba. Y es que a veces no hace falta recurrir a los impresionantes yacimientos arqueológicos para darnos cuenta de que nuestra tierra esconde pequeños grandes tesoros en casi cualquier punto del mapa.

Esta vez nos detenemos en la provincia de Guadalajara, un lugar desconocido para muchos pero que sin duda merece la pena visitar por su patrimonio no solo cultural si no natural. Contamos con numerosas zonas visitables de gran valor, y de merecida visita; así debemos tener en cuenta la Red de Parques Arqueológicos de Castilla–La Mancha; la cual cuenta con un importante yacimiento en cada provincia: la ciudad romana de Segóbriga en Saelices, Cuenca; la villa romana de Carranque en la provincia de Toledo; el óppidum ibero-medieval de Alarcos en Ciudad Real; la ciudad visigoda de Recópolis, en Zorita de los Canes, provincia de Guadalajara; y el Tolmo de Minateda en Hellín, Albacete[1]. Grandes tesoros muy desconocidos para la población y que representan una visión de los más importantes periodos de ocupación humana de la comunidad autónoma.

Mientras leo sobre dichos yacimientos, me fijo en los objetivos que se marca la Red de Parques y no puedo evitar sentirme algo disgustada, ya que si tienen como principal finalidad la protección y mejora de los mismos, me pregunto por qué no han tenido ningún interés en el  castro celtibérico que se encontró en el término municipal de Yélamos de Arriba (Guadalajara).

Y es que es algo que muy poca gente sabe, quizás no se trate de algo increíble, pero desde aquí me gustaría darle un poco de visibilidad, ya que no hace falta que algo sea gigantesco para que tenga un valor cultural e histórico destacable.  Así, estamos ante un importante hallazgo en la Alcarria, donde se ha llegado a encontrar gran cantidad de cerámica de la nada menos que Edad del Hierro. El Castro se encuentra en lo alto de un cerro muy cercano a la localidad, el comúnmente llamado “Los Castillejos” desde el cual se aprecia una increíble vista de la zona, ya que actúa de unión entre dos valles.

Tal y como decía el ya fallecido el escritor alcarreño César Batalla Carchenilla, sería muy interesante que se investigara la zona, ya que forma parte de un lugar muy desconocido y alejado de los principales yacimientos castellano-manchegos. Por si fuera poco, el lugar toma más interés, y es que en su cercana localidad Yélamos de Abajo, sí que hay constancia de ocupación romana, quedando incluso una fuente de piedra de dicha época.

Imagen de Yélamos de Arriba, elaboración propia

Y es que estamos ante una pequeña gran villa a tan sólo 1 hora de la capital de España, un pueblecito manchego que encierra muchas curiosidades pues incluso hay varias casas con escudos heráldicos, una de ellas podría haber sido hasta un palacete de la poderosa familia Mendoza.  Y es que según testimonios escritos, andado ya el siglo XV, concretamente en 1430, el rey Juan II entregó la villa en señorío, junto con otras aldeas desmembradas del Común guadalajareño, a su cortesano Íñigo López de Mendoza, marqués de Santillana, a quien estaba obligado por numerosas ayudas de él recibidas. Ya en poder de los Mendoza, el hijo del marqués, el famoso gran cardenal Mendoza, lo cambió junto a Atanzón y Pioz al caballero Alvar Gómez de Ciudad Real, en cuya familia quedó durante varios siglos[2]. La villa también cuenta con una bonita parroquia  precedida de un bonito atrio descubierto, situada en la parte más elevada del pueblo construida entre los siglos XVI Y XVII dedicada a Nuestra Señora de la Zarzala cual cuenta con un gran retablo en su honor. Además la villa cuenta con dos pequeñas y sencillas ermitas extramuros, construidas también en sencilla piedra en sillares.

Así pues tenemos un pequeño pueblo el cual encierra muchas cosas, pero es asombrante que albergue un yacimiento sin excavar, uno de tantos lugares olvidados, que incluso presenta cerámicas típicas de la edad de Hierro (bordes en pico de pato, sleros rehundidos, a mano…[3]) que nos están esperando. El castro es de acceso libre y pasa inadvertido a vecinos y visitantes, ¿os animáis a descubrirlo? Yo por suerte lo veo casi cada día…

[1] http://www.patrimoniohistoricoclm.es/parques-arqueologicos/

[2] http://alcarria.com/2000/01/yelamos-de-arriba/

[3] Valiente Malla, J. Guía de la arqueología en Guadalajara. Guadalajara, 1997, p.43

DE LA FANTASÍA AL CRIMEN: ARQUEOLOGÍA DEL NAZISMO

           Todos los años busco un viaje distinto, diferente, que me haga aprender o sentir cosas nuevas. Quizás el hecho de querer que todos los viajes lleven algo cultural me aleja de la mayoría de viajeros,  pero sin duda creo que hacen mis viajes más completos y entretenidos. Y es que hay muchos tipos de viajes, casi tantos tipos como personas, tenemos turismo enológico, rural, idiomático, de naturaleza… ¿pero que me decís del turismo histórico? Toda ciudad tiene su historia, su cultura, su evolución y unas costumbres arraigadas que hacen de cada lugar un sitio único en el mundo. Hay ciudades a las que su historia ha marcado muy fuerte su personalidad, y ciudades a las que les gustaría olvidar su historia. Es el caso de Alemania. Allí podemos visitar un sinfín de lugares, parques, iglesias, museos, pero parece que algo nos llama a sumergirnos en su etapa más oscura ¿verdad?  Es curioso ver como las reminiscencias de algo semejante siguen llamándonos la atención, pero más curioso me resultó el hecho de que los nazis intentaran valerse de la arqueología para fomentar sus ideales. Sí, es lo que parece. Y es que hay veces que visitar una ciudad es como leer un libro y me encanta esta faceta en todos mis viajes.

           Como sabemos la arqueología nos habla de nuestro pasado, nos ayuda a reconstruir nuestra propia vida y nos ayuda a entender muchas cosas. Quizás por esto creo que para entender del todo la importancia que tiene la arqueología  ya no solo para el turismo sino también para la humanidad, he querido centrarme la archiconocida Alemania nazi. Y es que aunque desconocían muchos otros valores humanos, sabían de la importancia que podían tener para ellos las reminiscencias de su pasado. Así,  decidieron valerse de los objetos y yacimientos arqueológicos para justificar sus increíbles conceptos sociales.  Y es que desde 1939, arqueólogos y pseudocientíficos se desplazaron por los territorios conquistados por las tropas de Hitler para buscar objetos atribuibles a la civilización germánica; llegando  a utilizar mano de obra esclava y a presos de los campos de concentración. En la Europa de estos duros años los arqueólogos al servicio del régimen saquearon museos y expulsaron de sus cargos a los expertos locales, ya no importaba nada, había que hacer de todo por buscar ese elemento justificador de una raza superior aria. Querían legitimizar los crímenes cometidos y es que los nazis no solo intentaron dibujar un nuevo mapa de Europa a costa de sangre y fuego; si no que también pretendieron reescribir la historia entera de la humanidad. Para ello se sirvieron de  una organización no muy conocida ligada a las SS, la Ahnenerbe, cuyo objetivo era rastrear los vestigios arqueológicos de una raza aria que supondría  el origen de la civilización humana.

             Ignorar el legado de los antiguos pueblos de Egipto y Mesopotamia, anular el resto de civilizaciones parecía una utopía, pero para Hitler no había nada imposible, él reclamaba algo más, él quería inventar (y lo peor es que se lo creyó) un pasado glorioso para los germanos que supusiera el principio de la raza suprema.

            Así, buscando esos restos arqueológicos debemos mencionar, y porqué no visitar,  los grabados rupestres de Bohuslän (Suecia) el sistema de escritura más antiguo de la humanidad, creado por una civilización atlántica y que fue utilizado por los nazis para ese curioso fin.

Tanum, Bohuslan, Suecia, por Pinterest.

                Y es que podemos complementar a la perfección nuestros viajes con esas pequeñas visitas que además de entretenernos nos sumergen en nuestra más profunda historia. Así, para ahondar un poco más en esta parte a la vez odiada y a la vez atrayente de nuestra historia más reciente, hemos de incluir en nuestras rutas museos como el National Socialism Documentation Center , en Colonia, el cual a través de numerosos objetos y sobre todo a través de numerosa documentación escrita, es capaz de dar luz  y entendimiento a esta oscura etapa de nuestra historia.

        También merece especial mención por su reciente apertura el museo dedicado íntegramente al nazismo en la ciudad de Múnich. Museo situado en el histórico cuartel general del partido (‘Braunes Haus’), acoge desde la primavera pasada numerosas fotografías y videos que retratan la época a la perfección.

           Museos dedicados a la historia nazi, arqueología al servicio de las ideologías…sin duda algo discutible y que nos hace plantearnos numerosas cuestiones;  Y es que a veces algo tan bonito como viajar y sumergirte en la cultura de un país puede hacer que cambies tu visión de este o hacerte, como en este caso, plantearte hasta dónde podemos llegar, ¿cuáles son los límites del ser humano? Hasta la arqueología somos capaces de utilizarla como base científica para matar a alguien. Y es que yo sabía que la arqueología podía  ser utilizada como pretexto para muchas cosas, pero jamás imaginaba que  incluso sirviera como elemento justificador para asesinar injustamente a una población.

TURISMO ARQUEOLÓGICO: UN PASO MÁS HACIA EL PLENO DISFRUTE VACACIONAL

                En los últimos años la propuesta de ocio se ha ampliado notablemente y ya no solo buscamos sol, playa, o unos chiringuitos con unas buenas hamacas; ahora además podemos compatibilizarlo con una serie de propuestas culturales que hacen nuestros viajes más interesantes y atractivos. Y es que el arqueoturismo está a la orden del día, ¿porqué no viajar y aprender? ¿Porqué no aprovechar nuestro tiempo en descansar y a la vez disfrutar de nuestro patrimonio? Y es que no hace falta irse muy lejos para empaparnos de este tipo de elementos; no solo destacan Grecia, Roma o Egipto…en España actualmente contamos con 44 bienes declarados patrimonio cultural y natural sin olvidarnos de que además contamos  con 11 bienes inmateriales, lo que nos convierte en una gran potencia cultural a muchos niveles.

                España es rica en muchas cosas, buena comida, buenas playas, buen futbol…pero eso no es todo, por ello tenemos que concienciarnos y dar una oportunidad a nuestro inmenso patrimonio. Ahora bien, ¿el turismo beneficia o quizás estropee nuestro queridos bienes? En los últimos años los numerosos  proyectos de investigación y puesta en valor del patrimonio español han permitido la accesibilidad a una buena parte de los recursos arqueológicos, aumentando su proyección a muchos niveles. Así hay que destacar la gran rehabilitación del madrileño Museo arqueológico o la importántisma labor llevada a cabo en la Neo-Cueva.  Poco a poco la arqueología está irrumpiendo en nuestro mundo vacacional casi sin darnos cuenta. Ahora tenemos rutas temáticas (como la ruta bética Romana), tenemos espectáculos de recreaciones históricas, podemos hacer el conocidísimo camino de Santiago e incluso podemos dormir en hoteles que son en sí restos arqueológicos. ¿Dormir? Si, exacto. Para muchos viajeros alojarse en un hotel es algo más que pasar la noche en sitio distinto al habitual…ahora podemos encontrar una gran diversidad de alojamientos que nos ofrecen y nos despiertan un sinfín de nuevas sensaciones. Por ello me gustaría contaros mi experiencia en el hotel San Polo, en Salamanca, el cual tuve el gusto de disfrutar hace unos pocos meses. Sinceramente, no elegí dicho hotel por los restos arqueológicos que albergaba, sino por la buena relación calidad-precio que ofrecía; cual fue mi sorpresa al ver que me iba a alojar en los restos de una bonita iglesia románica ¡una impresionante construcción del siglo XI! Para mí fue una amalgama de extrañas sensaciones…por un lado me sentía afortunada de poder desayunar en una mesita en plena iglesia, podía disfrutar de las espectaculares ruinas, sus ábsides, sus ladrillos, los arranques de los arcos…era como estar  sumergida en aquella época, pero tomándome un rico café. Ahora bien, también me sentía confundida, pensaba que cualquier loco que se alojara en el hotel podría hacer cualquier barbaridad, no había nadie vigilando las ruinas, la gente trabajaba sin más, los niños corrían sin preocupaciones y las sillas de la terraza rozaban los antiguos ladrillos..

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Terraza Hotel San Polo, por Flickriver

                Con esa situación confusa, no sabía si debía estar contenta y feliz por disfrutar de ello o si quizás deberíamos poner un límite entre el turismo y el disfrute de nuestro patrimonio. Quizás deberíamos plantearnos en educar a nuestros hijos en un mundo en el que el amor a los animales y a la naturaleza es indispensable, pero por favor, no se olviden de inculcar el respeto y la admiración por nuestra cultura, por nuestro patrimonio, por nuestras ruinas: es nuestro deber conservarlo.